El azulejo y las nubes

El azulejo y las nubes

En un bosque llamado, el bosque de los azulejos, vivía una pequeña familia de azulejos. Allí vivía un joven príncipe azulejo acompañado de sus padres, el rey y la Reyna azulejo.

El joven príncipe salía muy temprano a volar y lo hacía muy alto porque quería alcanzar las nubes pero como era muy joven sus alas no tenían la suficiente fuerza para llegar tan alto.

A él le gustaba mirar las nubes y podía pasar todo el día entero mirándolas. Pero para él, no era suficiente, puesto que quería tener las nubes solo para él. – yo soy el príncipe de este bosque y por esa razón las nubes son mías, así que las guardaré para que nadie más las vea.

Esa noche el joven le pregunto a su mamá donde podía guardar algo muy preciado para él.

Y ella le dijo – las piedras más brillantes que tu padre ha recogido para mí en el bosque yo las guardo en este pequeño calabazo para que no se me pierdan.

Esto quedó retumbando en los oídos de aquel joven y que desde muy temprano al día siguiente decidió buscar un calabazo y meter las nubes ahí.

Así que decidió volar hasta llegar a las nubes y poder atraparlas, hizo un esfuerzo muy grande para volar muy alto, y cuando por fin pudo llegar, trató de meterlas en su calabazo, pero no podía, las nubes se escapaban entre sus alas, y ya muy cansado voló hasta un árbol donde se quedó muy decepcionado y furioso porque no había podido atrapar una sola nube, entonces su papá, el rey azulejo, lo vio y le preguntó:

-¿Qué pasa hijo? ¿Por qué estás tan enojado?

– Es que no he podido atrapar una sola nube, y esas nubes me pertenecen porque están en nuestro reino

El padre sonrió y le dijo – hijo a pesar de que somos los reyes de este reino no todo lo que hay aquí nos pertenece, además las nubes son de todos y no puedes atraparlas, solo apreciarlas. 

– Pero yo quiero una nube – insistió el joven.

El rey acarició a la joven ave y se marchó.

A la mañana siguiente, el joven tuvo una magnífica idea, cuando vio unos pájaros tomando agua del estanque y llevándolo hasta el pico de sus polluelos en el nido.

-Eso es, tomaré a todas las aves de mi reino las llevaré hasta las alturas y así podre atrapar todas las nubes del cielo y serán mías solo mías.

Hizo el llamado a todas las aves, y como era el príncipe todas acudieron a este llamado.

-Escuchen con mucha atención dijo el joven príncipe.

-Quiero que todas las aves del bosque vuelen muy alto, hasta llegar a las nubes y con su pico las atrapen, así como hacen cuando llevan agua a sus hijos,  luego descienden y las dejan en este calabazo, afirmó el príncipe

Todas las aves volaban de un lado para otro intentando atrapar a las nubes pero todo este esfuerzo fue en vano porque ninguna había podido atrapar una sola nube.

Muchas horas después las aves del bosque, sin tener una sola nube descendieron muy cansadas hasta la tierra

El rey se acercó al ver la cara de pena de su hijo.

– ¿Sigues intentando cazar nubes?

– Sí, pero aun teniendo todo este ejército de aves me ha sido imposible

– Pero, hijo, hay cosas que no se pueden capturar. Las nubes sólo pueden estar en el cielo.

– Pero yo quiero una nube para meterla en este calabazo – refunfuñó.

– Hijo, las nubes no van a querer meterse dentro, ellas viven en el cielo.

– Pero yo quiero una nube, dijo el príncipe.

–No podrás porque ellas son libres al igual que nosotros, anotó el papá

Mientras el joven azulejo regresaba a su casa, dándose por vencido, vio como un niño con una jaula atrapaba a un ave en el bosque,

Esta ave era un pequeño joven canario, que había salido a buscar comida y cayó por error en aquella trampa.

El azulejo esperó que el niño se descuidara de aquella jaula y se acercó.

-Por qué estás ahí encerrado preguntó el azulejo

-Este niño acostumbra a tener aves encerradas en sus jaulas para que luego canten en su casa, afirmó el pequeño canario

Pero no puede ser, exclamó el príncipe, – las aves debemos estar libres para poder cantar en el campo, completó diciendo:

– Así debe ser, pero este niño no entiende eso, dijo el canario muy triste

– No te pongas triste. Tienes que vivir en libertad. Hay cosas que no se pueden guardar.

Abrió aquella puerta de la jaula y liberó al canario para que pudiera volar y cantar libremente.

En ese momento, se dio cuenta de que él tampoco podía cazar las nubes, pues hay cosas que no se pueden capturar.

FIN

©Versión de Ross Durango / Lic. en español Y literatura

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